jueves 29 de octubre de 2009

Me ha llevado mucho tiempo llegar al punto en el que me encuentro, y tener la fuerza de decirte la verdad. Lo cierto es que nunca te he mentido, pero tampoco te he dicho todo lo que tenías que conocer.
No soy quien crees que soy, no soy lo que piensas. En realidad, no soy nada.
He acabado tan vacío que he perdido la razón, la verdad, mi yo. Me convertido en un cúmulo de contradicciones, intentos y promesas, y he acabado con la certeza de la incertidumbre.

He perdido el rumbo y sigo sin encontrar la salida, sigo sin encontrarme. Quizás habría sido más fácil apostar con la Locura a ver quién caía antes, y quizás, sólo quizás, ahora estaría en lo más profundo, un estado más que conocido para mí.

martes 22 de septiembre de 2009

El tiempo me otorga la posibilidad de avanzar y de encontrarme a mí misma, de ser alguien más. Mis manos están manchadas con el barro de cada caída y no poseo mayor deseo que deshacerme de él. El caparazón tras el que me he ocultado se está empezando a derretir, al igual que todo el dolor del que me escondía.
He permanecito inmóvil para descubrir por mí misma todos los colores con los que se puede pintar un nuevo día, y durante años sólo era capaz de distinguir el negro del gris.

Y ahora, ante mí, se abre un largo aunque angosto camino, por donde caminaré sin mirar atrás. Un camino lleno de colores desconocidos, con desconocidas sendas y desconocidos trazos. Un lugar por el que caminar descalzo sin miedo al dolor.


Un nuevo camino que lleva hacia una nueva vida.

domingo 9 de agosto de 2009

Shadows

Soy un ser inerte. Un ser que vive de tu vida y se mueve a través de ti. Un ser que camina sobre tus pasos y pronuncia tus palabras con su silencio.
Mis negras venas marcan el camino por donde circula la nada que se apodera de mí. Mis pulmones respiran el humo de tu cigarrillo mientras mi inexistente corazón late a tu compás. La señal perdida de mi consciencia reposa en tus manos, y mis entrañas se alimentan de tu calor.

Existo por ti. Soy por ti. Soy lo que tú quieras que sea. Pero el día que el sol yazca muerto en algún lugar, yo seré tu vida.

viernes 17 de julio de 2009

Longing

Vivir rodeado de buenos sentimientos no es siempre la mejor manera de arreglarse por dentro. A veces, incluso puede ser más doloroso que convivir con el odio o la rabia.

Lo que te rodea es simplemente eso, lo que te rodea. Muchas cosas formarán parte de ti, pero sólo serás un mero espectador de la enorme cantidad restante de cosas, personas, momentos y sentimientos que te envuelven.
Ser espectador no es tan malo, porque ayuda a darle a todo un punto de vista distinto; ese punto de vista distante a la par que involucrado. Pero, a veces, todo lo que experimentas a través de otros, es todo aquello que llegas a anhelar.

Según lo que cuentan anheladores expertos, el anhelo es uno de los peores sentimientos que puedes llegar a sentir cuando uno está perdido y solo. Carente de cualquier sensación que te acelere el pulso. Desconocedor de unos ojos con brillo diferente. Deseoso de querer querer. Deseoso de poder tener.

Y vacío.











Supongo que será el verano, con su calor, que maximiza cualquier pensamiento o recuerdo fugaz.

sábado 4 de julio de 2009

Deseo innato

Todavía me pregunto en qué momento decidí lanzarme al vacío, no sé en qué momento deseé volver a sentir; y creo que la respuesta no la obtendré nunca, puesto que no he llegado a decidir absolutamente nada. Dicen que las cosas llegan cuando tienen que llegar, que aparecen por casualidad y de un segundo a otro, ya forman parte de nosotros, pero no todo es tan bonito como lo pintan. Detesto la incertidumbre y el dolor que causa, detesto la esperanza acompañada de desilusión, los momentos de compañía y la posterior soledad. Detesto el devenir de mi propia visión del mundo que depende de cada segundo de mi vida.
Supongo que como ser humano, siento y padezco, pero por esa misma razón, odio padecer.


Deseo volver a tener el corazón de piedra.

lunes 11 de mayo de 2009

Y llegaron los 18...

...años, sí. Nada más y nada menos.
Edad deseada de muchos y anhelada de tantos. Edad para hacer todas esas cosas que has hecho en clandestinidad, pero legalmente.

No recuerdo ya cuántas veces he llegado a decir a lo largo de mi vida la famosa frase de "cuando tenga 18...". Pero a medida que ha ido pasando el tiempo, he hecho toda clase de cosas que pensaba hacer cuando cumpliese la mayoría de edad. Me he tatuado, me he agujereado, he recorrido miles de kilómetros con la única compañía de una maleta repleta de sueños (y de ropa, hiciese o no falta).

Dicen que los 18 son grandes, que son los más especiales, pero creo que todo depende de las vivencias que llevas a tu espalda. En mi caso, no me puedo quejar, y los 18 se me presentan más como una mera edad de transición que de "libertad e independencia" en sí.
Para muchos, la mayoría de edad supone más libertad por parte de los padres, pero yo la he tenido siempre. Para otros, supone el momento de arriesgar, de hacer esas cosas "de y para mayores", de dejar atrás el muro y tirarse de cabeza, pero es algo que ya he hecho siempre, para bien o para mal.

He apostado por lo que he querido, por qué y quién he necesitado, sin miedo a los obstáculos que se pudiesen interponer, y a raíz de eso, he experimentado toda clase de resultados. He vivido el sabor, el olor y los latidos de una victoria, pero también he saboreado el suelo con su amarga derrota. He quedado en tablas y he hecho trampas, al igual que me las han hecho a mí.
Pero tengo la certeza de que no me arrepiento de nada, no me arrepiendo de haber sido tan "precoz" para muchas cosas, al igual que el haber arriesgado tantísimo en cada cosa que he intentado alcanzar.

Dejo atrás años increíbles, llenos de buenos momentos, como de los malos que nublan por completo cualquier sentimiento de felicidad. Dejo atrás sentimientos, lugares, personas, una vida entera, vida que no echaré de menos; ahora ya no.

Ahora me toca volver a vivir las cosas que ya he experimentado, pero en una nueva etapa, quizás con otras personas, y con aquellas que se han quedado siempre para verte crecer. Es momento de arrancar, de irme y empezar de cero algo que, tal vez, se convierta en mi futuro.

sábado 4 de abril de 2009

Pretérito perfecto

La luna estaba zurcida al techo y las estrellas se desvanecían en el aire como volutas de humo. Las paredes de aquel cuarto se habían convertido en el ring de una lucha infinita de luz y oscuridad en los últimos días. Todo estaba vacío de nuevo.
Recuerdo mis días de niñez en aquella habitación, en los que había visto el sol salir por primera vez, asomándose con timidez y tiñendo las nubes de color carmesí que inundaban el cielo. Abrir la ventana y sentir el golpe del viento cálido, más allá de la profundidad de la nieve de invierno, acariciando mi inocencia.
Soñaba con secuestrar el sol, consciente de una utopía infinita, pero el hecho de imaginarme que el sol podría salir por mí, hacía todo más interesante y divertido a su vez. Era un mendigo que se alimentaba de sueños y quimeras, era un niño con la sonrisa tatuada de esperanzas, un alquimista de corazón.

Nunca antes me había sentido tan lleno de vida, y es difícil asumir que aquella ansiada felicidad, aquellos días de plenitud, habían llegado a desvanecerse en la nada cual hoja alejada para siempre de su árbol con la primera brisa de otoño.